El arroz que llega a la mesa dominicana está en el centro de una decisión económica de peso. Este viernes 16 de octubre, el Gobierno presentó en el Palacio Nacional, en una rueda de prensa encabezada por la vicepresidenta Raquel Peña, el conjunto de medidas con las que busca proteger la producción nacional frente a la apertura comercial del DR-CAFTA, que facilita la entrada del arroz de Estados Unidos al mercado local.

El paquete anunciado incluye la creación de un fondo especializado para mejorar la productividad, la rentabilidad y la sostenibilidad del sector, con énfasis en los pequeños y medianos productores. También contempla financiamiento a tasas preferenciales a través del Banco Agrícola, el fortalecimiento del seguro agropecuario, la ampliación de la certificación de semillas, el desarrollo de nuevas variedades y mejoras en los canales de riego, los sistemas de drenaje y los caminos de las zonas arroceras. El cultivo tendrá además prioridad en el programa nacional de mecanización, junto con compras directas del Estado y el fortalecimiento de la pignoración solo para el arroz de producción nacional.

El punto débil del anuncio es que todavía no hay cifras ni fechas. Las propias autoridades reconocieron que el fondo no tiene un monto definitivo, porque esos recursos no están contemplados en el presupuesto: la cifra se definirá cuando el presidente Luis Abinader regrese al país y se reúna con su equipo económico, y tampoco se fijó un calendario de ejecución.

Por eso la reacción del sector fue de cautela. Representantes de los productores expresaron su preocupación tras la rueda de prensa y señalaron que el anuncio no les dejó soluciones concretas para competir con las importaciones estadounidenses. Según el gremio, del sector dependen más de 30,000 productores y unos 300,000 empleos, además de la seguridad alimentaria del país.

El dato de fondo ayuda a entender lo que está en juego: según las cifras oficiales presentadas, la producción nacional de arroz blanco pasó de unos 9.2 millones de quintales en 2005 a unos 14.7 millones en 2025, y el país ha mantenido su autosuficiencia en el abastecimiento de este alimento básico. Para el bolsillo de las familias, la clave es sencilla: si la producción local se mantiene competitiva, el precio del arroz dependerá menos de las importaciones y de los vaivenes del mercado externo. Lo contrario encarecería uno de los productos más consumidos de la canasta básica.