¿DOBLE MORAL O AMNESIA COLECTIVA?

Por más de veinte años, buena parte del reggaetón y sus productores se dedicaron a una sola cosa: engrandecer el maleanteo. Hicieron héroes a los bichotes, convirtieron los puntos en escenarios de gloria, las balaceras en hazañas y el narcotráfico en un estilo de vida al que había que aspirar. Cada tema era una clase: el hombre de verdad era el más temido, el más respetado a tiros.

Las disqueras, los productores y muchos artistas se hicieron de dinero vendiendo esa película. Y una generación entera de muchachos creció escuchando que el futuro estaba en la esquina, no en la escuela ni en el trabajo.

¿Y ahora? Ahora esos mismos panas salen a quejarse de que la inseguridad no deja avanzar a Puerto Rico. Y que nadie diga que esto es invento nuestro, porque lo dijeron ellos mismos, con nombre y apellido. Tito El Bambino, uno de los duros de la vieja guardia, lo dijo hace unos días en un podcast: Puerto Rico se está quedando sin discotecas por la inseguridad. Contó que tuvo de visita al artista Mr. Stiven y no pudo sacarlo a disfrutar porque aquí no hay sitios adecuados para un artista internacional, y culpó a los propios puertorriqueños que quieren entrar armados a las discotecas, como si fueran Rambo, con decenas de pistolas y sin ningún propósito. En esa misma conversación, Jon Z comparó con Argentina y Colombia, donde hay discotecas de miles de personas y todo es puro vacilón.

Y lo dijo también DJ Negro, productor histórico del género, de los que estuvieron desde el principio: en el podcast de Derick Xander, el pasado 9 de octubre, aseguró que antes los corillos respetaban la discoteca, que ya no hay códigos y que hoy él no abriría una discoteca por la inseguridad. Los mismos que vivieron — y vivieron muy bien — de la era del maleanteo.

Nosotros nos preguntamos: ¿doble moral o amnesia colectiva?

Porque el problema no salió de la nada. Es como criar a un niño en la violencia: lo enseñas a resolverlo todo a golpes, lo premias por ser el más malo, le aplaudes cada hazaña. Ese niño crece sin sentimientos, sin sentido de pertenencia, sin respeto por nadie. Y cuando ya está grande y el golpe te lo da a ti, vienes a quejarte. ¿De qué te quejas, si fuiste tú quien lo crió así?

La calle de hoy es hija de la calle que se cantó ayer. Los muchachos que hoy no respetan ningún código aprendieron de una cultura que cambió las reglas por el protagonismo: antes el maleanteo, con todo lo malo que era, tenía códigos porque era un negocio; hoy la violencia es por la violencia misma, por un video, por unos likes, por ser alguien en las redes.

Que quede claro: el arte también refleja la realidad, y no todo el género es lo mismo. Hay artistas que narraron lo que vivieron sin venderlo como gloria. Pero el que hizo fortuna glorificando al delincuente no puede hacerse hoy el sorprendido cuando esa misma delincuencia le toca la puerta y no lo deja trabajar en paz.

Puerto Rico puede echar pa'lante. Pero primero hay que tener la honestidad de reconocer la parte de culpa que le toca a cada cual. También a los que pusieron la banda sonora.

MORALEJA: El que siembra maleanteo en la mente de un pueblo, cosecha una calle sin códigos. Nadie puede llorar sobre la cosecha que él mismo sembró.

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