La crisis de las drogas en Estados Unidos está cambiando de rostro. Una investigación de la BBC realizada en Columbus (Ohio) y Chicago (Illinois) documenta la propagación de drogas sintéticas de producción casera que se mezclan con el fentanilo y están haciendo las sobredosis más difíciles de revertir, en un mercado donde el consumidor cada vez sabe menos qué es lo que está consumiendo.
El fentanilo es un opioide completamente sintético, entre 50 y 100 veces más potente que la heroína. Según el reportaje, hoy se combina con frecuencia con tranquilizantes sintéticos creados para animales grandes, como la xilacina y la medetomidina, conocidos en la calle como «tranq». Estas sustancias prolongan el efecto del opioide, pero son sedantes que ralentizan la respiración y que la naloxona —el aerosol nasal que revierte las sobredosis de opioides y ha salvado decenas de miles de vidas— no logra contrarrestar. La xilacina, además, provoca úlceras cutáneas necróticas, heridas tan profundas que pueden llegar hasta el hueso.
La nueva amenaza es, además, doméstica: los cócteles de sustancias sintéticas pueden fabricarse en sótanos y bañeras dentro del propio Estados Unidos, lo que reduce la eficacia de una estrategia centrada solo en la frontera. «Ahora, con la explosión de las drogas sintéticas, la gente puede producirlas en su casa, en el fregadero, en la bañera, donde sea», resume el sheriff del condado de Cook, Tom Dart. Un traficante de Chicago entrevistado por la BBC lo plantea en términos parecidos: de las sintéticas «todavía no hemos visto de lo que son capaces; no es ni la punta del iceberg».
Las cifras muestran una crisis que baja, pero muta. Las muertes por sobredosis alcanzaron un pico de unas 110,000 en 2022 y descendieron a unas 70,000 el año pasado. Sin embargo, el peligro se está desplazando hacia quienes no buscaban opioides: en el condado de Franklin, donde está Columbus, el 78% de las sobredosis mortales de los últimos 12 meses se debieron a estimulantes, según datos citados por Scott Sanders, de la organización comunitaria Hope Dealer Community. Consumidores de crack reciben su droga mezclada con fentanilo —la llamada «dosis caliente»— y sufren una sobredosis sin saberlo. En las calles de Columbus, la BBC acompañó a Mike, un veterano del ejército de 48 años con dos décadas de adicción, cuya dosis fumada sobre papel de aluminio cuesta tres o cuatro dólares; un análisis posterior de su muestra, dentro de un programa de detección, confirmó la presencia de medetomidina.
El fenómeno también penetró tras los muros de una prisión. En la cárcel del condado de Cook, en Chicago —la más grande de la ciudad y una de las mayores del país—, las drogas comenzaron a llegar por correo, impregnadas en las páginas de libros y en cartas: cannabinoides sintéticos conocidos como K2, que los reclusos quemaban e inhalaban. En 2023, ocho reclusos murieron por convulsiones fatales, frente al promedio habitual de una o dos muertes por sobredosis al año. Desde entonces, todo el correo que entra al penal se escanea en busca de humedad, y entre una cuarta y una quinta parte de los envíos da positivo y es rechazado.
Trabajadores de rehabilitación y autoridades coinciden en que la respuesta no puede ser solo policial. Organizaciones como Hope Dealer Community, en Columbus, y Liv4Lali, en Chicago, reparten tiras para detectar fentanilo y acompañan a los consumidores, mientras el sheriff Dart defiende que la salida pasa por un tratamiento integral de la adicción. La conclusión del reportaje es sobria: la crisis ha evolucionado —de la heroína a los opioides recetados, del fentanilo a las nuevas sintéticas— y quienes venden y consumen se adaptan, una y otra vez, un paso por delante de los esfuerzos por detenerlos.
Fuente: BBC News Mundo