Francia vivió este sábado un «día de furia». Entre 550,000 personas, según el Ministerio del Interior, y 800,000, según los organizadores, salieron a las calles en todo el país para protestar por el deterioro de la educación, los altos precios y el deterioro del estado de bienestar. La jornada derivó en enfrentamientos con la Policía, incendios y saqueos, y el balance actualizado de detenidos supera los 1,200 en todo el país.
La Policía lanzó gases lacrimógenos y chorros de agua contra los manifestantes en varias ciudades. El episodio más grave ocurrió en Limoges, a unos 400 kilómetros al sur de París, donde un incendio provocado tras una intrusión devoró el ayuntamiento, un edificio del siglo XIX. La prefectura local informó que dos tercios de la fachada desaparecieron y que el inmueble quedó «en gran medida perdido», mientras los bomberos luchaban por contener las llamas.
El ayuntamiento de Limoges, devorado por el fuego durante la jornada de protestas.
Los disturbios se extendieron por el mapa: en Lyon, manifestantes incendiaron la oficina de turismo e impidieron que los bomberos sofocaran el fuego; en Marsella hubo daños en una comisaría; en Tolón, dos policías resultaron heridos por proyectiles; y en Caen se registraron saqueos, vandalismo y daños a dos vehículos policiales. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó de saqueos o intentos de saqueo también en París, Ruan, Nantes y Toulouse.
El movimiento nació el mes pasado en colegios de los barrios periféricos del norte de París, donde la indignación por las ausencias de profesores y el mal estado de las instalaciones se transformó en una protesta nacional contra la desigualdad y la escasa inversión pública. A la jornada se sumaron los «chalecos amarillos», sindicatos y miles de jóvenes.
El presidente Emmanuel Macron condenó los ataques: «No hay lugar para la violencia», afirmó, y prometió que quienes atacaron prefecturas y comercios o saquearon ayuntamientos serán «procesados y castigados». El gobierno culpó a la «extrema izquierda» de movilizar las protestas de cara a las elecciones presidenciales de abril, mientras el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon acusó al Ejecutivo de «jugar con fuego». Marine Le Pen, por su parte, sostuvo que la extrema izquierda secuestró las demandas de los manifestantes. Nuñez atribuyó los episodios violentos a grupos de ultraizquierda y a delincuentes oportunistas que aprovecharon los disturbios para saquear.
La jornada de malestar no fue exclusiva de Francia: este mismo sábado hubo movilizaciones en Italia, Portugal y Albania con reclamos parecidos —salarios, vivienda, educación y servicios públicos—, según los cables de la agencia EFE.
Fuente: BBC News Mundo y Agencia EFE.