El presidente Emmanuel Macron durante su alocución televisada a la nación desde el Palacio del Elíseo, la noche de este domingo. (Foto: AFP / Ludovic Marin)

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, se dirigió al país la noche de este domingo en una alocución televisada solemne desde el Palacio del Elíseo, que comenzó a las 8:00 de la noche, hora de París, y duró unos diez minutos. Fue su respuesta política a la jornada de disturbios del sábado, la más violenta de la crisis que atraviesa Francia por el costo de la vida y el deterioro de la educación.

Macron atribuyó los destrozos a la extrema izquierda y a delincuentes que se sumaron a las protestas. «Me dirijo a ustedes esta noche en un momento de extrema gravedad. Ayer, sábado 17 de octubre, extremistas de un grupo de ultraizquierda, junto con numerosos delincuentes (…), saquearon tiendas y destruyeron edificios públicos», dijo, según la transcripción oficial de su discurso.

El mandatario mencionó el incendio del ayuntamiento de Limoges como símbolo de la jornada y fue tajante: «Nada lo explica, nada lo justifica. Todos sentimos rabia y vergüenza». A la vez, trazó una línea clara entre los manifestantes con reclamos que calificó de legítimos —a quienes dijo que nunca hay que confundir con los violentos— y quienes destruyeron, destrozaron y saquearon.

En nombre de la nación, expresó su respaldo a las fuerzas del orden, que —dijo— «fueron objeto de una violencia sin precedentes», y también a los comerciantes, artesanos y actores económicos golpeados por los saqueos, a quienes prometió que no quedarán solos: el primer ministro, Sébastien Lecornu, presidirá desde este lunes una célula de crisis para movilizar las ayudas más rápidas posibles.

Macron reconoció además que los servicios de inteligencia subestimaron la violencia que se avecinaba y ordenó extraer todas las lecciones del operativo con total transparencia, con investigaciones conducidas con la máxima firmeza. «Quienes han destruido deben pagar, quienes intentaron derrocar la República rendirán cuentas», advirtió.

Como medidas, anunció que los prefectos decidirán junto a los alcaldes cómo proteger las ciudades, los edificios públicos y los comercios, incluso prohibiendo concentraciones concretas cuando sea necesario. No declaró, sin embargo, el estado de emergencia que le pedía parte de la oposición. También instó a todos los partidos políticos y a las organizaciones sindicales a condenar la violencia «sin ambigüedad» y anunció que esta semana el Gobierno se sentará con alumnos, estudiantes, docentes, sindicatos y empresarios a construir propuestas concretas. «Francia necesita orden», resumió, recordando que el país está a seis meses de sus elecciones presidenciales.

El balance oficial actualizado de la jornada del sábado, según el Ministerio del Interior, es de 2,397 detenidos en todo el país —855 de ellos en París— y 997 policías y gendarmes heridos, siete de ellos graves. Unas 1,500 tiendas fueron saqueadas o atacadas. Es la misma jornada en la que un joven de 17 años perdió la mano en Saint-Étienne y cuya factura comercial MDX News cifró en cientos de millones de euros.

Las reacciones no tardaron. El líder de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, advirtió que la crisis puede volverse «incontrolable». El exministro del Interior Bruno Retailleau insistió en pedir el estado de emergencia, y el presidente de Agrupación Nacional, Jordan Bardella, calificó la alocución de «lamentable».

Fuente: Agencia EFE, con información de la transcripción oficial del Palacio del Elíseo y de la agencia AFP. La gráfica que dio origen a esta cobertura llegó a esta redacción a través de Noticias SIN.