TEXAS, ESTADOS UNIDOS. — Pedro Gutiérrez, ciudadano estadounidense de 35 años, se enlistó en el Ejército con dos propósitos claros: conseguir mejores beneficios médicos para sus cuatro hijos y abrirle un camino a su esposa, Giovanna Pérez, para regularizar su situación migratoria. Semanas después de partir a su entrenamiento, fue ella quien terminó enfrentando un proceso de deportación.
Giovanna, también de 35 años, llegó a Estados Unidos desde México cuando tenía apenas seis años y ha vivido prácticamente toda su vida en territorio estadounidense. El pasado 21 de septiembre acudió con sus cuatro hijos a la Estación Aeronaval de Corpus Christi, en Texas, para obtener las identificaciones militares que les permitirían acceder a los beneficios de salud de la familia.
Durante esa visita fue interrogada y posteriormente intervenida por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Según confirmó la propia agencia al medio The Atlantic, fue personal de la Marina el que notificó a ICE sobre la presencia de la mujer en la instalación militar.
Tres días después, Giovanna acudió a una oficina de inmigración, donde fue retenida durante varias horas y quedó enfrentando un proceso de deportación. Su esposo se encontraba entonces en Georgia, cumpliendo su entrenamiento militar.
El abogado de la familia, Alex Martínez, cuestionó el procedimiento y sostuvo que la mujer había acudido a la base confiando en que recibiría los documentos correspondientes. Por su parte, las autoridades federales mantienen que estar casado con un integrante de las Fuerzas Armadas no concede automáticamente estatus migratorio legal.
Giovanna no ha sido deportada: permanece junto a sus hijos mientras enfrenta el proceso judicial, con una próxima audiencia programada para el 10 de noviembre. La familia teme una separación mientras Pedro continúa su servicio militar.