La guerra de Yemen sumó este viernes un nuevo episodio de alto voltaje regional. Dos misiles impactaron dentro del perímetro del Aeropuerto Internacional de Adén, la ciudad del sur que sirve de capital interina al gobierno yemení reconocido internacionalmente, en un ataque que las autoridades locales atribuyeron al movimiento hutí, alineado con Irán. Casi en paralelo, la coalición militar que encabeza Arabia Saudita anunció la intercepción de un misil balístico que se dirigía a Yanbu, uno de los puertos petroleros más sensibles del reino.

El Departamento de Seguridad de Adén informó que los dos proyectiles cayeron en los terrenos del aeropuerto y que no se reportaron víctimas. En el momento del impacto, un vuelo de Yemenia Airways con destino a El Cairo se preparaba para despegar. Según la misma dependencia, se trata del segundo ataque contra esa instalación en menos de una semana, un dato que subraya hasta qué punto la infraestructura civil yemení ha vuelto a quedar en la línea de fuego. Los hutíes no reclamaron de inmediato la autoría del bombardeo.

Del lado saudí, la coalición que respalda al gobierno yemení aseguró haber detenido el misil balístico antes de que alcanzara Yanbu, sobre la costa del mar Rojo. Además, informó la destrucción de dos misiles de crucero sobre aguas del mar Rojo y de tres drones en las regiones del sur del reino y de Riad. El mando conjunto no identificó a los responsables de esos lanzamientos, aunque el patrón de las últimas semanas apunta a la misma escalada que enfrenta a Riad con los hutíes.

Yanbu no es un objetivo cualquiera. Ese puerto es una de las principales salidas del petróleo saudí hacia los mercados internacionales y su valor estratégico creció con la crisis del estrecho de Ormuz: permite embarcar crudo por el mar Rojo sin atravesar el paso que Irán mantiene bajo amenaza. Un impacto allí no solo tendría consecuencias militares, sino que golpearía directamente una de las rutas energéticas alternativas más importantes del planeta en medio de la guerra regional.

Los mercados reaccionaron en cuestión de horas. El crudo Brent, la referencia internacional, tocó brevemente los 110 dólares por barril este viernes por primera vez desde mayo, arrastrado por el temor a que la escalada siga estrechando la oferta mundial de energía. Cada misil que vuela sobre Yemen o el mar Rojo se traduce ya, casi de inmediato, en presión sobre los precios que pagan consumidores y empresas en todo el mundo.

En el sur saudí, las autoridades de Defensa Civil volvieron a emitir alertas en la región de Jazan y en la ciudad de Khamis Mushait, avisos que, según los reportes, se han vuelto frecuentes desde que los combates se reanudaron el mes pasado. Para las comunidades fronterizas, las sirenas y las intercepciones forman parte otra vez de la rutina diaria, después de años en los que la tregua había reducido los ataques transfronterizos a episodios aislados.

El trasfondo es el de una guerra que se niega a cerrarse. El conflicto yemení comenzó en 2014, cuando los hutíes tomaron la capital, Saná, y obligaron al gobierno reconocido a desplazarse al sur. La intervención de la coalición liderada por Arabia Saudita llegó al año siguiente y derivó en años de estancamiento, hasta que una tregua alcanzada en 2022 logró contener los frentes. Ese acuerdo se mantuvo hasta este año, cuando Yemen volvió a convertirse en un teatro más de la guerra regional que estalló en febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Desde que la escalada se reanudó, los hutíes han lanzado de forma repetida misiles y drones contra territorio saudí, con aeropuertos, instalaciones petroleras y otra infraestructura entre sus objetivos declarados. En los últimos días, los ataques también se han concentrado en zonas de Yemen controladas por el gobierno: además del aeropuerto de Adén, el jueves el blanco fue el complejo del palacio presidencial en la misma ciudad, en un ataque que el gobierno atribuyó igualmente al grupo armado.

La dimensión humanitaria sigue agravándose en paralelo. Un portavoz del Ministerio de Salud controlado por los hutíes afirmó este viernes que 124 civiles han muerto y 327 han resultado heridos desde que comenzó la escalada el 3 de septiembre, una cifra que atribuyó a los bombardeos saudíes y que no ha podido verificarse de forma independiente. Las agencias de ayuda, por su parte, vienen advirtiendo que las condiciones dentro de Yemen se deterioran con rapidez y que la población civil paga el costo más alto de cada nueva ronda de ataques.

Por ahora no hay señales de desescalada. Con Taiz bajo asedio hutí, Adén bajo fuego por segunda vez en una semana y los misiles volando de nuevo hacia la costa saudí del mar Rojo, Yemen confirma su papel de frente activo de la guerra más amplia de Medio Oriente, con efectos que ya se sienten mucho más allá de sus fronteras: en las rutas marítimas, en los mercados de energía y en la seguridad de toda la región.