Esa es la pregunta que yo me hago, y se la hago a usted también: ¿esto que estamos viviendo es una democracia, o es una monarquía política con otro nombre? Porque en la democracia el poder lo presta el pueblo cada cuatro años, y el que gobierna lo devuelve. En la monarquía no: el poder se hereda, pasa de padre a hijo como se pasa una casa. Y en este país, cada día que pasa, esto se parece más a lo segundo que a lo primero.
Lo que más me duele es ver cómo los políticos que más se vendían como serios se han ido diluyendo. Los que hablaban de instituciones, de relevo, de que el país estaba por encima de los apellidos… esa seriedad se les fue cayendo por el camino. Y ahora quieren otra cosa: hacer una monarquía política, que sus hijos hereden la República Dominicana o las direcciones de este país, como si nosotros fuéramos una finca y el hijo del dueño la estuviera heredando. Se lo digo claro: yo no creo en este sistema de partidos, porque se convirtió en una herencia familiar.
Miren el caso de Leonel Fernández. Gobernó este país tres veces, ya tiene 72 años, y ahora dice que está listo para volver a gobernar en el 2028. ¿Y quién le está disputando la candidatura en su propio partido, la Fuerza del Pueblo? Su hijo, Omar Fernández, senador del Distrito Nacional, que en las encuestas de este mismo mes le gana al papá entre la población general. Padre e hijo peleando la misma candidatura: eso se discute en la mesa del comedor, no en un partido.
Y en el PRM pasa igualito, con tres generaciones de una vez. Hipólito Mejía fue presidente. Su hija, Carolina Mejía, es alcaldesa de la capital y anda en campaña abierta para ser la candidata presidencial del 2028. ¿Y el nieto? Juan Garrigó Mejía, de 31 años, asumió en septiembre como secretario general del PRM… el mismo cargo que dejó su mamá. La silla no salió de la familia: cambió de manos dentro de la misma casa. El abuelo tuvo que salir a defenderlo diciendo que «el respeto en la política no se hereda, se suda». Pues eso mismo digo yo: que se sude en las urnas, no que se reciba por apellido.
Y no es cosa de dos familias: los Jorge ya van por la tercera generación, del expresidente Salvador Jorge Blanco, a su hijo el ministro Orlando Jorge Mera, a su nieto Orlando Jorge Villegas, que ya es diputado.
Yo no digo que un hijo de político no pueda aspirar; el que tenga capacidad, que se la gane compitiendo como todo el mundo. Lo que no puede ser es que el poder se reparta como un patrimonio, porque este país no es una herencia de nadie: es de los dominicanos que se levantan a trabajar todos los días, del hijo del colmadero y de la maestra, que también tienen derecho a soñar con dirigir su nación.
Esa es mi opinión, y la firmo. ¿Monarquía política o democracia? ¿Quién dirigirá el destino de República Dominicana? Déjeme su respuesta en los comentarios.
— Fernando Vargas, director y CEO de Mundo X News