Hay una pregunta que la humanidad se hace desde que aprendió a mirar el cielo, y que ningún siglo ha logrado contestar del todo: ¿por qué existe algo en vez de nada? No por qué existe el Sol, ni por qué existes tú — eso, mal que bien, tiene explicaciones parciales — sino algo más radical: ¿por qué hay un universo, una realidad, un «ser», en lugar de la nada absoluta?

La pregunta que lo cambió todo

El filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz la formuló con claridad en 1714 y la llamó la primera pregunta que cabe plantear. Su razonamiento era sencillo y demoledor: nada existe sin una razón suficiente, y ni siquiera la cadena completa de causas del universo se explica a sí misma. Tres siglos después, la pregunta sigue abierta, y cada campo del saber humano la mira desde su orilla.

Mucho antes, el griego Parménides había sentado la otra cara del asunto: el ser es, y el no-ser no es. Con eso quiso decir que la nada, en estricto rigor, no puede ni pensarse: en el momento en que intentas imaginarla, ya estás imaginando algo — un espacio oscuro, un vacío, un silencio — y eso ya es alguna cosa. La nada absoluta se nos escapa hasta de la imaginación.

Lo que dice la ciencia: el vacío no es la nada

La física moderna describe el comienzo del universo con la teoría del Big Bang: todo lo que existe estaba concentrado en un punto de densidad extrema hace unos 13,800 millones de años. Pero la propia ciencia admite que describir el comienzo no es lo mismo que explicar por qué hubo un comienzo. Y hay un matiz que sorprende a muchos: el «vacío» de la física cuántica no está vacío. En el espacio aparentemente más desierto ocurren fluctuaciones constantes, partículas que aparecen y desaparecen. Es decir, lo que la ciencia llama «nada» nunca es la nada de los filósofos.

Algunos físicos han propuesto que el universo pudo surgir «de la nada» por esas fluctuaciones. Otros colegas les responden que ese punto de partida — con sus leyes, su energía y su espacio — ya es «algo», y que la pregunta de Leibniz sigue intacta debajo de la alfombra.

Lo que cree la fe: un origen con autor

Para las grandes tradiciones religiosas, la respuesta es otra: existe algo porque hay un Ser que no depende de nada para existir. La teología clásica lo llamó creación «ex nihilo», desde la nada: el mundo no se hizo con materiales previos, sino que fue llamado a existir. En esa visión, la pregunta «¿y quién creó a ese Ser?» se responde con una distinción: todo lo que comienza necesita una causa, pero el fundamento último, por definición, no comienza.

No todo el mundo comparte esa respuesta, y la conversación entre creyentes y no creyentes sobre este punto lleva siglos sin cerrarse. Lo que sí comparten unos y otros es el asombro: la existencia misma es el dato más extraño de todos, y sin embargo es el que más damos por sentado.

Nuestra conclusión

En MDX News no pretendemos cerrar en un artículo la pregunta más vieja de la filosofía. Pero sí sacamos una conclusión, y es de nosotros: la pregunta «¿por qué hay algo en vez de nada?» no es un lujo de filósofos, es una invitación a no vivir dormidos. Quien se la hace en serio, aunque sea una vez, empieza a mirar su propia vida — un amanecer, un hijo, una segunda oportunidad — como lo que es: algo que perfectamente pudo no haber sido, y sin embargo es. Entre el ser y el no ser, estamos nosotros, preguntando. Y que haya alguien capaz de preguntarlo ya es, por sí solo, un misterio que vale la pena contemplar.