Un superpetrolero cargado con más de dos millones de barriles de petróleo crudo sufrió este sábado una fuerte explosión y un incendio de grandes proporciones tras chocar con una mina naval en el estrecho de Ormuz, según informó la Guardia Revolucionaria de Irán. El incidente, ocurrido durante la noche, vuelve a colocar al paso marítimo más sensible del comercio energético mundial en el centro de la guerra que enfrenta a Teherán con Estados Unidos e Israel desde finales de febrero.
«Un superpetrolero que transportaba más de dos millones de barriles de petróleo crudo y que intentaba atravesar el estrecho de Ormuz por una ruta no autorizada chocó con una mina naval, lo que provocó una fuerte explosión y un incendio de grandes proporciones», anunció la Armada de la Guardia Revolucionaria en un comunicado recogido por la agencia iraní Tasnim. La embarcación no fue identificada: Teherán no ofreció su nombre, su bandera ni su propietario.
Tampoco se conoce, por ahora, el estado de la tripulación ni el alcance real del incendio a bordo. La versión iraní no pudo ser verificada de forma independiente en un primer momento, y ni el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ni la organización británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) hicieron comentarios inmediatos sobre el incidente reportado durante la noche. Con un cargamento de esa magnitud, cualquier daño sostenido al casco plantea además un riesgo ambiental evidente para las aguas del golfo, aunque ninguna autoridad ha informado de momento de un vertido.
Según el cuerpo militar iraní, el petrolero había apagado sus sistemas de posicionamiento y radar para atravesar el estrecho mediante lo que describió como «maniobras de engaño», y aseguró que la travesía contaba con el apoyo del Ejército estadounidense. La Guardia Revolucionaria acompañó el anuncio de una advertencia directa a las navieras: «El estrecho de Ormuz está cerrado y el destino de los buques que incumplan las normas iraníes de navegación en este paso será arder en el fuego de su confianza en el Ejército terrorista estadounidense».
No es un hecho aislado. Se trata de al menos la quinta colisión de buques con minas navales en el estrecho de Ormuz y sus alrededores comunicada por las autoridades iraníes durante la última semana, una secuencia que sugiere que el minado de la zona —o, como mínimo, su denuncia reiterada por parte de Teherán— se ha convertido en una pieza central de la presión iraní sobre el tráfico marítimo.
Los datos de la UKMTO ayudan a dimensionar la escalada. En su último informe semanal, la organización registró 12 ataques contra embarcaciones, y desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, suma 135 incidentes marítimos, 114 de ellos con daños en buques y un saldo acumulado de 76 heridos o fallecidos en el mar. El tráfico por el estrecho se mantiene, según la misma fuente, aproximadamente un 70 por ciento por debajo de los niveles anteriores al conflicto.
El estrecho de Ormuz es la arteria petrolera más importante del planeta: antes de la guerra transportaba alrededor del 20 por ciento del crudo mundial. Su cierre de facto, sostenido por Irán como medida de presión contra Washington, ha obligado a navieras y aseguradoras a recalcular rutas, primas y riesgos, y cada nuevo incidente en sus aguas se traslada casi de inmediato a los mercados de energía, que temen una interrupción prolongada del suministro procedente del golfo Pérsico.
Mientras Teherán insiste en que no permitirá el paso de ningún buque sin su autorización, Estados Unidos trata de restablecer el tránsito marítimo por una ruta cercana a Omán, al margen del control que Irán reclama sobre el paso. Esa disputa sobre quién manda en el estrecho —la libertad de navegación que defiende Washington frente a las «normas iraníes» que invoca la Guardia Revolucionaria— es hoy uno de los frentes más delicados de la guerra, porque un solo error de cálculo puede arrastrar a petroleros de terceros países y a sus tripulaciones.
La República Islámica bloqueó el estrecho tras el inicio de la guerra con Estados Unidos e Israel el 28 de febrero y lo utiliza desde entonces como palanca frente a Washington. La explosión de este sábado, con un superpetrolero ardiendo y su tripulación sin localizar en los reportes disponibles, muestra que esa palanca se sigue apretando: Ormuz continúa cerrado en la práctica, y el costo lo pagan los buques que intentan cruzarlo.
Fuente: EFE, despacho del 17 de octubre de 2026 recogido por Caracol Radio, con el comunicado de la Armada de la Guardia Revolucionaria iraní difundido por la agencia Tasnim y datos de la UKMTO citados en ese despacho. Foto: petrolero de crudo en navegación (Wilfredor / Wikimedia Commons, CC0), imagen de referencia.