GINEBRA — La agencia de la ONU para la infancia advirtió este viernes que el progreso alcanzado en los últimos meses para contener la desnutrición en Gaza sigue siendo muy frágil y podría retroceder si continúa interrumpida la entrada de mercancías comerciales al enclave palestino. El mensaje, presentado ante periodistas en Ginebra, fue claro: todos los cruces deben permanecer abiertos y el flujo de bienes, tanto humanitarios como comerciales, tiene que ser constante y predecible.
La alerta llega dos días después de que las autoridades israelíes informaran que ya no estaban entrando productos comerciales a Gaza. Según la versión difundida el miércoles por el organismo militar israelí que coordina los asuntos humanitarios en el territorio, los comerciantes locales habrían decidido suspender su coordinación para el ingreso de esos cargamentos en medio de una disputa por cobros atribuidos a Hamás. Hamás, por su parte, ha ofrecido una explicación distinta sobre esos pagos y sobre el uso de efectivo, en un contexto de fuerte escasez de dinero en la Franja. Más allá de las versiones encontradas, el efecto práctico descrito por transportistas locales es que el jueves no entró ningún camión comercial desde Israel, aunque sí continuaron llegando ayuda humanitaria y algunos cargamentos por otra ruta controlada por Israel desde Egipto.
Esa diferencia entre ayuda y comercio es central para entender la preocupación de las agencias humanitarias. La ayuda distribuida por organizaciones internacionales cubre productos básicos, pero los mercados locales dependen también de los comerciantes privados para conseguir alimentos frescos, ropa de invierno y otros artículos que no llegan en cantidad suficiente por la vía humanitaria. Si esa segunda vía se detiene, la oferta en los mercados se reduce, los precios tienden a subir y las familias que ya viven con lo mínimo quedan todavía más expuestas, sobre todo cuando se acerca el invierno.
En un informe publicado este mismo viernes, UNICEF sostiene que el alto el fuego vigente desde octubre del año pasado permitió ampliar la respuesta alimentaria y nutricional, aliviar algunas restricciones a la entrada de suministros y reducir los combates a gran escala. Gracias a esa combinación, la amenaza de hambruna que había sido confirmada por un monitor internacional de seguridad alimentaria en agosto del año anterior pudo contenerse. Sin embargo, el propio informe subraya que la desnutrición aguda no ha desaparecido como riesgo.
Los datos que maneja la agencia ayudan a dimensionar ese riesgo. Aunque las tasas de desnutrición aguda han bajado, solo una de cada tres criaturas menores de dos años alcanza hoy una diversidad mínima en su dieta. Una encuesta realizada en junio encontró, además, una presencia importante de desnutrición crónica, que afectaba a uno de cada ocho menores de cinco años. Son cifras que, según UNICEF, muestran una mejoría real pero todavía incompleta, sostenida por un flujo de suministros que no está garantizado.
La situación de la infancia en Gaza fue el otro eje de la comparecencia en Ginebra. La agencia recordó que, poco más de un año después del anuncio del alto el fuego entre Israel y Hamás, se ha reportado la muerte de más de 340 niños y cientos más han resultado heridos. Solo en las últimas dos semanas, según el reporte presentado este viernes, varios menores murieron y decenas resultaron gravemente heridos en ataques aéreos, ataques con drones y disparos en distintos puntos de la Franja, mientras otros dos niños fallecieron por heridas sufridas anteriormente. Para las familias que han perdido a sus hijos, señaló el portavoz de la agencia, esos números no se parecen a un cese de hostilidades.
El desplazamiento masivo sigue marcando la vida diaria. UNICEF calcula que unos 800,000 niños continúan desplazados en Gaza y que la mayoría vive en tiendas de campaña o en edificios dañados que no ofrecen seguridad. Con la bajada de las temperaturas, las familias intentan protegerse de la lluvia con los medios que tienen a mano, mientras persiste una crisis de saneamiento por los daños en la red de drenaje y la acumulación de aguas residuales en algunas zonas. La agencia advirtió que, si esas aguas llegan a desbordarse con las lluvias de invierno, el impacto sanitario sobre niños y familias podría ser grave.
Pese a ese panorama, la agencia también detalló parte del trabajo que ha podido sostener desde el alto el fuego: apoyo para que más de 560,000 niños retomaran el aprendizaje en centros educativos respaldados por UNICEF, asistencia económica digital para más de 380,000 personas y acceso a agua segura para alrededor de 1.2 millones de personas. Ese trabajo, insistió la agencia, depende de que los suministros sigan entrando y de que mejoren las condiciones de vivienda y de servicios básicos en un territorio ampliamente devastado.
El llamado final de UNICEF no fue solo a reabrir una ruta concreta, sino a evitar un retroceso. Volver a un escenario en el que niños y familias no reciban los bienes y servicios que necesitan, advirtió su portavoz, pondría en peligro la recuperación nutricional que tanto costó lograr. Por eso la agencia pidió mantener abiertos todos los pasos, asegurar que la entrada de ayuda y de mercancías sea continua y atender con urgencia el refugio y los servicios esenciales antes de que el invierno complique todavía más una crisis que, un año después del alto el fuego, sigue lejos de estar resuelta.