Las autoridades de Baréin, el pequeño reino insular del Golfo situado frente a Irán, han lanzado una amplia operación contra clérigos chiíes a los que acusan de fomentar la lealtad a Teherán, según reveló este viernes la agencia Reuters: más de 50 religiosos fueron detenidos entre mayo y junio y el veredicto de su caso se espera el 8 de noviembre.

Más de 50 clérigos detenidos y 69 ciudadanos despojados de su nacionalidad

La fiscalía bareiní sostiene, como acusación, que los detenidos intentaban dirigir un grupo terrorista que buscaba incitar a la rebelión y derrocar el orden gobernante con ayuda de la Guardia Revolucionaria iraní, promoviendo la subordinación de sus seguidores al líder supremo de Irán. Los familiares y los abogados de los clérigos niegan esos cargos: aseguran que las autoridades intentan criminalizar una creencia y rechazan que los religiosos buscaran derrocar el Estado o actuaran en nombre de Irán.

La operación va más allá de los templos. Según los críticos citados por Reuters, las autoridades retiraron la ciudadanía a 69 personas de origen iraní, y una docena de personas han sido condenadas a entre cinco y diez años de prisión por expresar presuntamente su apoyo a los ataques. Baréin es el único país del Golfo gobernado por una familia suní con población mayoritariamente chií.

«Nos enfrentamos a una ideología que exige obediencia al liderazgo de Irán por encima de la autoridad soberana de Baréin», declaró a Reuters el teniente general Tariq Al Hassan, jefe de la agencia de Seguridad Pública responsable de la seguridad interior. Al Hassan negó que el Gobierno persiga a los ciudadanos chiíes, de los que dijo que en su mayoría son ciudadanos leales y respetuosos de la ley, y afirmó que la guerra expuso hasta qué punto algunas personas habían sido adoctrinadas por una ideología vinculada a Irán. La misión de Irán ante la ONU no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios de la agencia.

Unos ataques que Manamá consideró preocupantemente precisos

El detonante fue la guerra abierta el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán y Teherán respondió lanzando drones y misiles contra los Estados del Golfo vecinos, entre ellos Baréin, sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense. Para las autoridades bareiníes, esos ataques fueron preocupantemente precisos: según diplomáticos occidentales y funcionarios del Golfo citados por Reuters, un misil alcanzó un hotel poco después de que personal militar estadounidense llegara a él tras huir de su base.

El Gobierno sospechó que los ataques recibieron ayuda de puntería desde dentro del país y vio como traición las publicaciones de algunos bareiníes que celebraban en redes sociales unos golpes dirigidos contra intereses estadounidenses. Esa lectura conecta con la que hizo la propia Teherán del momento político regional, cuando Irán celebró el golpe electoral a Trump como un rechazo a la guerra y mantuvo la alerta máxima ante una posible respuesta de Washington.

La represión es también una señal de cómo la guerra desestabilizó a Estados de la región aliados de Estados Unidos que no apoyaron el conflicto pero cargaron con el peso de los ataques iraníes, en una escalada en la que Washington ha seguido moviendo piezas contra la red militar de Teherán, como cuando Estados Unidos sancionó a la red que suministró misiles antiaéreos portátiles a Irán. En Baréin, el golpe de timón revirtió una tendencia de distensión: en 2024 el reino liberó a cientos de presos políticos mediante indultos reales y comenzó con Irán las conversaciones para restablecer unas relaciones diplomáticas rotas desde 2016.

Veinte organizaciones denuncian torturas y confesiones forzadas

Este viernes, veinte organizaciones de derechos humanos, entre ellas Human Rights Watch y el Instituto de Baréin para los Derechos y la Democracia, publicaron un comunicado con alegaciones de tortura, confesiones coaccionadas y otras violaciones del debido proceso en el caso de los clérigos. «Este procesamiento masivo plantea serias preocupaciones sobre una persecución religiosa dirigida contra la vida y el liderazgo religioso de la comunidad chií de Baréin», señala el texto.

Un familiar de uno de los clérigos juzgados, que habló bajo condición de anonimato por seguridad, afirmó que las autoridades están atacando directamente a los chiíes y a cualquiera que critique a estadounidenses o israelíes por la guerra que lanzaron. Un investigador de Manamá especializado en movimientos islamistas, también anónimo, advirtió de que el reino debe distinguir entre la identidad chií y la doctrina de la Guardianía del Jurista, la ideología oficial iraní, y sostuvo que la respuesta más fuerte de Baréin sería un Estado soberano donde la libertad religiosa esté segura para todos.

El reino lleva años restringiendo las oraciones de los viernes en mezquitas chiíes clave y en junio limitó las procesiones de una conmemoración chií. Ahora espera el veredicto del 8 de noviembre preparándose para posibles protestas, en un país donde el disenso sigue visible en las aldeas chiíes tras el aplastamiento, con ayuda saudí, de las protestas de 2011.

Fuente: Reuters, 6 de noviembre de 2026 (entrevista al jefe de Seguridad Pública de Baréin, Tariq Al Hassan; datos de la fiscalía bareiní y comunicado de 20 organizaciones de derechos humanos, entre ellas Human Rights Watch). Foto de apoyo: el paseo marítimo de Manamá con una mezquita, banderas de Baréin y las torres del World Trade Center al atardecer (imagen original generada en la casa; no corresponde a la operación policial).