El Gobierno de Irán celebró este miércoles en Teherán el golpe electoral que los votantes de Estados Unidos dieron al presidente Donald Trump en las elecciones de medio mandato del martes, al interpretarlo como un rechazo a la guerra que Washington e Israel lanzaron contra su país, aunque mantiene la alerta máxima ante un posible nuevo ataque.

Qalibaf y Jamenei se reparten el mensaje: victoria y desconfianza

El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, que además es el principal negociador iraní, escribió en X que, por conciencia o por el costo de la vida, los estadounidenses dijeron «no a la guerra», y que Teherán respalda ese mensaje. En la misma línea, pidió a Washington que no ignore a su opinión pública volviendo a atacar a Irán.

El líder supremo, Mojtaba Jamenei, fue más frío en un comunicado escrito difundido el miércoles: sostuvo que la hostilidad de Estados Unidos persistirá gobierne quien gobierne, y advirtió contra «incluso la más mínima inclinación a someterse» a Washington. «Estados Unidos ve el fin de su hegemonía como algo lejano; nosotros lo vemos cerca», añadió, al atribuir el resultado electoral al peso de los costos que, según él, la guerra ha impuesto al pueblo estadounidense.

La prensa iraní amplificó esa lectura. El diario Hamshahri tituló su portada «La sombra de Irán sobre las elecciones de Estados Unidos», con una imagen de Trump con los ojos vendados y la cabeza baja. El periódico conservador Jam-e Jam habló del «ocaso del trumpismo», y un medio vinculado al Poder Judicial compartió la broma que circulaba en X: Trump no logró el cambio de régimen en Irán, pero lo logró en Texas, donde un demócrata ganó una banca del Senado por primera vez en décadas.

Detrás de la celebración, el temor a un golpe de compensación

La satisfacción pública convive con una preocupación seria. Dos altos funcionarios iraníes dijeron a Reuters que, aunque la cúpula celebra la victoria demócrata en la Cámara de Representantes y el Senado, teme que Trump intente compensar la derrota con un ataque militar, por lo que el país permanece en alerta máxima.

Ese temor tiene un contexto inmediato: los mediadores han intensificado sus esfuerzos para cerrar la guerra ante el riesgo de que se reactive tras las elecciones, mientras Trump se negó el martes a descartar la reanudación de las operaciones de combate e Irán prepara, según esos planes, una represalia más amplia si el conflicto vuelve. Es el mismo tablero en el que los negociadores iraníes cumplieron en Doha su tercer día de conversaciones para cerrar la guerra.

En el Golfo, algunos gobiernos creen ahora que Trump tiene más motivos que nunca para buscar un acuerdo de paz y que otro asalto a gran escala contra Irán es menos probable tras el revés electoral, según dos fuentes familiarizadas con esa lectura. La analista Ebtesam al-Ketbi, del Emirates Policy Center, lo resumió así: si Teherán entiende que Trump necesita un acuerdo, pero no cualquier acuerdo, puede abrirse una oportunidad genuina de terminar la guerra, aunque leer el voto como debilidad también podría invitar a una nueva escalada. El mercado pareció apostar el miércoles por la primera opción: el petróleo bajó por tercer día consecutivo.

La guerra que pesó en las urnas y sigue cerrando Ormuz

La contienda que domina esta lectura comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán y Teherán respondió con golpes contra Israel y contra Estados del Golfo que alojan bases estadounidenses. El conflicto se extendió después al Líbano, entre Hezbolá e Israel, y más recientemente a Yemen, desde donde los hutíes han atacado instalaciones energéticas y aeropuertos de Arabia Saudí; esta misma semana, Estados Unidos lanzó ataques defensivos contra la isla iraní de Qeshm, en el estrecho de Ormuz.

Ese estrecho sigue con el tránsito severamente trastocado desde que Teherán declaró su cierre, y el bloqueo naval impuesto por Washington golpea con fuerza la economía iraní. Los precios mundiales del petróleo y del gas se dispararon en estos meses, y culpar a la guerra del encarecimiento de la gasolina fue uno de los ejes de la campaña demócrata: la contienda ha sido impopular entre los estadounidenses desde su inicio.

Antes de las elecciones, altos funcionarios iraníes ya habían dicho a Reuters que Teherán prolongaba deliberadamente las conversaciones para debilitar políticamente a Trump de cara a la votación. El propio presidente reconoció a Fox News que la guerra jugó un papel en la derrota republicana: «Creo que una parte fue Irán, pero la gente entendió la importancia de lo que he hecho con Irán».

El desenlace también sacude a Israel: un Congreso demócrata puede intensificar el escrutinio sobre sus operaciones en Irán, Gaza y el Líbano, justo cuando los rivales de Benjamín Netanyahu lo acusan de haber dilapidado el apoyo bipartidista estadounidense. Y la coincidencia no escapó a nadie en Teherán: el golpe electoral cayó en el aniversario de la toma de la embajada de 1979, cuando 52 estadounidenses fueron retenidos durante 444 días.

Fuente: Reuters, 4 de noviembre de 2026 (la reacción oficial iraní al resultado de las elecciones de medio mandato de Estados Unidos y el análisis de sus efectos sobre Irán e Israel). Foto de apoyo: Teherán al amanecer con la torre Milad, las montañas de Alborz y banderas de Irán en primer plano (imagen original generada en la casa).